Una expedición de 3 semanas al océano Atlántico regreso con pequeñas especies nunca antes vistas.

El viaje, que formó parte del Censo de la Vida Marina, exploró profundidades del océano adonde pocas veces se ha llegado. La lista de “bichos” descubiertos incluye plancton con delicados cuerpos transparentes, al parecer de la familia de las medusas, cientos de microscópicos camarones y varios tipos de peces. En el viaje de 20 días, organizado por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA en sus siglas en inglés) de Estados Unidos, participaron 28 expertos marinos de 14 países.

Uno de ellos, la oceanógrafa mexicana Paola Batta-Lona, le dijo a BBC Mundo que “el objetivo de la expedición es hacer un inventario global de estos pequeños organismos”. “La idea de este proyecto es conocer mejor la composición de especies en los mares para poder saber la repercusión que está teniendo el cambio climático”, explicó Batta-Lona.

8a1f66edep.jpgPrimos de caracol
Los científicos del Censo de la Vida Marina exploraron profundidades oceánicas de entre 1 y 5 kilómetros para fotografiar y hacer el inventario de la abundancia de zooplancton.

Estos son pequeños organismos marinos que forman la base de la cadena alimenticia marina.

Muchos viven de plancton y a su vez son el alimento de peces, mamíferos y crustáceos, pero se cree que sus poblaciones están amenazadas por el cambio climático.

“Encontramos unos tipos de gasterópodos, que son familiares de los caracoles que ves en tu jardín”, explica Paola Batta.

“También se encontraron ciertos tipos de ostrácodos, que por cierto, fue la primera vez que se logran secuenciar — agrega– y también tipos de medusas y peces de profundidad”.

Paola Batta-Lona, de la Universidad de Connecticut, formó parte del equipo ADN en la expedición. Tal como explica la investigadora, la labor de su equipo era extraer, procesar y secuenciar el ADN de los organismos, una vez que los científicos habían identificado y nombrado las muestra de la especie.

8a1f66edfp.jpgProfundidad
Durante el crucero los investigadores capturaron miles de especimenes, muchos de los cuales se encontraron a profundidades de hasta 5.000 metros. Por lo general los oceanógrafos se concentran casi exclusivamente en el kilómetro más superior del océano.

La expedición tomó muestras de las pequeñas formas de vida que habitan debajo de los 1.000 metros, el punto en el cual se ha acordado que comienza la zona batipelágica, o el mar profundo.

“Para saber el impacto que está teniendo el calentamiento global en la vida marina, necesitamos tener la información sobre lo que existe actualmente, y poder compararlo en unos años, con lo que ha cambiado”, señala la oceanógrafa.

Uno de los aspectos más interesantes de esta expedición, es que utilizaron por vez primera unas redes especiales que controladas desde el barco podían abrirse y cerrarse a diversas profundidades.

8a1f66frfp.jpgInnovador
“Este innovador sistema de redes fue algo de lo más novedoso en este proyecto”, señala Batta-Lona. “Podían abrirse a profundidades de entre 5.000 y 4.000 metros, entre 4.000 y 3.000 metros y entre 3.000 y 2.000 metros”, indica.

Y agrega que “muchos de los especimenes, por ejemplo, los ostrácodos, fueron encontrados a 3.000 metros, donde antes no se había logrado tomar muestras”. “Esto sorprendió incluso a investigadores que habían estado ya en proyectos similares de campo”, afirma Batta-Lona.

Hasta ahora, no se había diseñado un sistema de redes que pudiera ser controlado para tomar muestras a diversas profundidades previamente seleccionadas. La mayoría de estos organismos están habituados a vivir en las temperaturas frías del fondo marino, a alrededor de 1º o 2º centígrados.

Del frío al calor
Para llevarlos a la superficie se requería transportarlos en agua mucho más caliente, de alrededor de 27º C. Tan pronto como las muestras eran llevadas a la superficie, los investigadores las colocaban en cubos de agua congelada para restaurar el ambiente de su hábitat natural.

Pero aún así, muchos de los especimenes perecieron antes de poder ser catalogados o estudiados. La experiencia, sin embargo, fue “extraordinaria” según la describe la oceanógrafa mexicana, investigadora de la Universidad de Connecticut.

“Fue una experiencia bien enriquecedora –señala– trabajar durante 20 días con tantos investigadores de diversos campos y de tantos países”. “Cada descubrimiento era compartido por todos y todos nos entusiasmábamos por igual, con lo cual aprendí muchísimo”, concluye la oceanógrafa.

Fuente: Terra España

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