El cóyotl (o coyote). Cuentan las creencias antiguas que, si
se te ocurría robar la presa que un coyote había cazado, éste podía seguirte sin que te dieras cuenta para vengarse matando a todas tus gallinas. Si no tenías gallinas, el coyote te acechaba en algún camino, ya fuera de noche o de día, y cuando menos te lo esperabas, te salía de frente ladrando para espantarte.

Sin embargo, el coyote también podía ser agradecido. Si alguna vez ayudabas a uno, éste te seguía hasta tu casa y te consentía llevándote una gallina muerta de vez en cuando. Se dice que Tezcatlipoca solía adoptar la forma de un coyote para presentarse ante los viajeros y advertirles de algún peligro que les aguardaba en el camino, como la presencia de ladrones.

Los cazadores mexicas creían también en una fiera salvaje muy peculiar: un tigre de pecho blanco y piel manchada que no huía ante las personas, sino que se sentaba mirándolas fijamente y comenzaba a hipar. Este hipo podía llenar de temor a cualquier ser humano o animal, e incluso era capaz de hacerlos desmayar. Los cazadores sólo podían arrojarle cuatro flechas; si fallaban, la fiera se les abalanzaba de un solo salto y los devoraba.

También se creía que ciertas regiones eran habitadas por los ohuican chaneque o chaneques (“los dueños de los lugares peligrosos”). Estos son seres que cuidan manantiales, ríos, árboles y animales silvestres. Estos duendecillos podían atacar a los intrusos provocándoles un susto tan grande que les podía sacar el alma, la cual encerraban en la profundidad de la tierra. Si la víctima no la recuperaba por medio de un ritual específico, enfermaba y moría al poco tiempo.

En las leyendas actuales, los chaneques son identificados como niños con cara de viejos que hacen que las personas se extravíen durante tres o siete días, tras los cuales las víctimas no pueden recordar nada. Aunque se piensa que fueron conducidas por los chaneques a su hogar en el inframundo, cuya entrada es una ceiba seca (árbol tropical).

Por último, Cihuacóatl, quien era una divinidad azteca, mitad serpiente mitad mujer. Cihuacóatl fue la primera mujer en dar a luz, con lo cual fue considerada protectora de los partos y, en especial, de las mujeres muertas al dar a luz. Ella ayudó a Quetzalcóatl a construir la presente era de la humanidad moliendo huesos de las eras previas y mezclándolos con sangre. Es madre de Mixcóatl, al que abandonó en una encrucijada de caminos. La tradición dice que regresa frecuentemente para llorar por su hijo perdido, pero en el lugar sólo halla un cuchillo de sacrificios.

En la leyenda, esta divinidad surge en forma fantasmal para advertir sobre la destrucción del imperio de Moctezuma, tomando después como nombre popular el de La Llorona.

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